El economista Dani Rodrik, plantea en su trabajo, La paradoja de la globalización (2019), que no es posible para las sociedades globalizadas, poseer estas tres cualidades que denomina, hiperglobalización, política democrática y Nación Estado, “…¿Cómo gestionamos la tensión entre una democracia nacional y los mercados globales? Tenemos tres opciones. Podemos limitar la democracia con el propósito de minimizar los costes de transacción internacionales, sin tener en cuenta los trastornos económicos y sociales que la economía global produce en ocasiones. Podemos limitar la globalización, con la esperanza de reforzar la legitimidad democrática en el país. O podemos globalizar la democracia a costa de la soberanía nacional. Esto nos proporciona un menú de opciones para la reconstrucción de la economía mundial.
Este menú capta el trilema político fundamental de la economía mundial: no podemos tener hiperglobalización, democracia y autodeterminación nacional todo a la vez. … Y si queremos
combinar democracia con nación Estado, adiós a una globalización profunda…” Rodrik (2012).
La imposibilidad de tener a la vez las tres condiciones, exige que optemos por dos, y el dilema se abre en consideración a aquellas opciones que nos permiten o respondemos. A las exigencias de la globalización o las demandas de la ciudadanía, es decir, a una forma política democrática. Un sistema federal global, “…lo que Rodrik llama federalismo global…” Rodrick (2012). Esto es emular el sistema de democracia nacional a un marco supranacional, relacionados con las políticas macroglobales, con ello se sacrifica a la idea de Estado Nación.

Colomer (2016), en un artículo que tituló ¿Es compatible la democracia con las instituciones globales?, plantea dos ideas centrales, una que la democracia es un tema de tamaño de las sociedades y la representación, y que existen al interior de los sistemas democráticos distintas formas de participación, desde la participación en elecciones de represéntales hasta participación en asambleas, cabildos y otro par de temas globales. La otra idea es necesario la “…selección democrática a nivel local o estatal e indirecto nombramiento de los miembros de junta y consejo globales, y una representación calificada de los países por reglas, como turno y peso de cada uno de ellos, consenso de políticas, mandatos explícitos y responsabilidad sobre la base de desempeño y conducta…” . Asi para Colomer, es viable una democracia indirecta y responsable, aunque diste del diseño de la representación por medio de los partidos políticos. Esta democracia global no estaría ajena a sus propias tensiones.
La solución de un sistema global de representación, tiene en el fondo una contradicción profunda, Robert Dahl (1994), ya se preguntaba por el sistema global y la representación. Nos plantea sobre la dificultad de crear organismo internacionales democráticos por las cargas que ello significa para los ciudadanos. Más aún es dable que en países más robustos institucionalmente pueda confluir una suerte de democracia, sería ello imperfecto. Los lazos entre los países son débiles, la relación entre, por ejemplo, euro representantes y sus electores no dan cuenta de los mismos procesos que las democracias consolidadas exigen de sus representantes, dar cuenta, la acountability de los actos. La democracia es cuestión de capacidad de revocar el mandato por medio del voto, y ello implica una cercanía entre votantes y sus representantes.

